Enseñanzas de la luna...
Cuando se entra en una habitación “forrada” de libros podríamos imaginar una pared en la que un veinteañero socarrón se mira al espejo luciendo músculos, y en uno de los lados del espejo podríamos ver la imagen de Paul Newman en “La leyenda del indomable”, con esa mirada helada con la que manda cerrar el bar, la casa, la ciudad, y hasta la vida misma si quiere.
Quiero decir que “lo que uno describe no es realidad”, es una escena de cine de una película que es pura poesía sobre los costados de la vida.
De todas las grandes películas de Paul Newman, son “Dos hombres y un destino” y “El golpe” las únicas que pueden verse más de una vez sin caer en el cansancio, y si las ves más veces, se llega a la firme conclusión de que si Dios se bajara del mundo se iría con Paul Newman a lucir músculo ante ese espejo.
¡Ah! Y luego está Al Pacino, el villano simpático y necesario, el hombre atolondrado y caído del cielo que por bandera inconscientee innata tiene la buena voluntad.
Hoy, con los años, el ser humano cae en la cuenta consciente de que Dios se ha ido presentando en las pequeñas cosas: en los cafés de las mañanas de domingo, en llevar la vida con una sonrisa junto a quien amas (Eva), en ver un atardecer invernal junto al mar, en interpretar un personaje de un buen libro, en asistir a un buen concierto de Los Secretos con su correspondiente goce y disfrute al lado de esa persona a la que dedicas toda tu vida (Eva)...
La vida es odiosa cuando se le pone apellidos, y hoy día está ese invento de la “vida moderna”, y desde hace años creo firmemente que eso de la vida moderna es vivir en un viernes constante celebrando que es viernes.
Todo esto lo pienso yo, pero como yo, opina muchísima gente, y la razón es que esa “vida moderna” pervierte a la sociedad.
