Enseñanzas de la luna...
Cada vez cuesta más interpretar la realidad en este ambiente de continuo “encabronamiento” político. La riña llega hasta los campos de fútbol, donde desde hace muchísimo tiempo las huestes separatistas se hacen presentes en las gradas para ejercer su libertad de expresión en esa particular forma de argumentar las ideas que es la de pitar al rey de los españoles, ofendiéndonos a todos, estemos o no en el campo.
Se sabe que esas cosas pueden pasar, pero en otro tiempo al menos eran reprochadas por los representantes de todas y cada una de las formaciones políticas... ¡Cuestión de respeto!
Pero hoy no, hoy día se les ríe la gracia, y acabado el fútbol, y desde la misma pantalla, seguimos con la política hecha espectáculo, a través de modernas cadenas y televisiones, de mismo dueño y distintos colores, con sus tertulias de suburbiales debates, interrumpidos solamente por aplausos teledirigidos debidamente cronometrados porque “¡un momento señores!, hay que dar paso a la publicidad”.
Y en esas andamos, pasando el tiempo sin ponernos de acuerdo en lo más elemental, en lo que hace a una nación civilizada, que es el respeto a ese puñado de ideas políticas básicas, sin las cuales ni el Estado posee estabilidad ni el individuo libertad. Eso sí, para lo que se ve como problema serio, nunca hay tiempo para resolverlo.
Pero claro, ¿quiénes somos nosotros, los ciudadanos, para meternos? Se creen muchos políticos que sólo a ellos corresponde decidir cuándo y de qué manera se puede evolucionar. A lo mejor el problema es que estorbamos.
