Opinión

El placer de ver y oír llover

La lluvia simboliza la fecundidad y la purificación y es necesaria para renovar la vida en la tierra
Ver llover desde la ventana | depositphotos.com
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Uno de los placeres gratis que he disfrutado desde que era pequeño era el de ver llover a través de las ventanas de mi casa.
 
A pesar de que la lluvia nos privaba de salir a la calle, siempre me ha gustado el olor a tierra mojada y el sonido de las gotas, golpeando decididas, los cristales de las ventanas. 
 
Hoy en día, todavía disfruto mucho ver de llover. El aroma de la tierra, los tonos del paisaje, el manto verde (cada vez menos), la pureza del aire... todo cambia tras su paso, todo parece renovarse tras la lluvia.
 
Pero ese gozo se está convirtiendo en un lujo, en algo que rara vez podemos tener. La lluvia simboliza la fecundidad y la purificación y es necesaria para renovar la vida en la tierra y se asocia, sin duda, al elemento agua, símbolo de fuerza, limpieza y curación por su poder, pero también se dice que cuando las lluvias son intensas son una señal de mal augurio, una especie de protesta de la Tierra ante los desmanes del hombre, que está presente en el origen de casi todas las culturas y civilizaciones como ejemplo de “castigo de los dioses”.
 
Seguro que todos recordamos esa escena mágica de la película “Cantando bajo la lluvia” (1952), dirigida por Stanley Donen y el actor, cantante y bailarín Gene Kelly y su pegadiza melodía: “Estoy cantando bajo la lluvia, simplemente cantando bajo la lluvia.
 
Qué sensación tan gloriosa, soy feliz de nuevo, me estoy riendo de las nubes”. Esta película es una de las pocas veces donde, en el mundo artístico, se disfruta del efecto de la lluvia y se olvida su simbolismo de tristeza, soledad y melancolía.
 
Imagen cabecera: depositphotos.com/es

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