La sonda Juno de la NASA aterriza en la luna Ío de Júpiter

Este logro espacial permitirá investigar mucho más de cerca el gran planeta del sistema solar
La luna Io tiene un cuerpo volcánico | NASA
photo_camera La luna Io tiene un cuerpo volcánico | NASA

Gracias al avance de la ciencia y la tecnología, la humanidad es capaz de alcanzar nuevos límites en el conocimiento que durante siglos eran totalmente inaccesibles. No obstante, en la actualidad no solo podemos conocer más información acerca del planeta en el que habitamos, sino del resto que conforma el sistema solar. 

Un ejemplo de ello son los datos que la NASA acaba de recopilar gracias a su sonda espacial Juno. El dispositivo ha logrado enviar nueva información a la Tierra sobre el comportamiento de los ciclones y fuertes vientos que tienen lugar en Júpiter, concretamente en sus regiones septentrionales, además del carácter volcánico de su luna Ío.

Esta gran cantidad de nuevo contenido permitirá a la comunidad científica llevar a cabo nuevos modelos en los que se pueda comprender de una manera más amplía las corrientes del planeta más grande que rodea el sol, así como los efectos climatológicos que se generan en su interior. Por otro lado, también ofrece un mayor número de pistas sobre la composición de Ío, así como de la temperatura de su propio subsuelo.

Más información sobre Júpiter

Scott Bolton, investigador principal de Juno en el SwRI (Southwest Research Institute), ha declarado en un comunicado reciente la asombrosa cantidad de información que la sonda de la NASA está proporcionando para comprender mejor el comportamiento y naturaleza de Júpiter con respecto al resto del sistema solar.

"Todo en Júpiter es extremo. El planeta alberga ciclones polares gigantescos, más grandes que Australia, intensas corrientes en chorro, el cuerpo más volcánico de nuestro sistema solar, la aurora más potente y los cinturones de radiación más intensos" declaraba el experto en el escrito publicado en los últimos tiempos.

Según los datos recogidos por Juno, el 10% de la superficie lunar de Ío contiene restos de lava que posteriormente acaba por enfriarse lenta y progresivamente bajo la misma. Según los expertos, estos flujos subterráneos de lava funcionan como los radiadores de un coche, desplazando el calor hasta la superficie que finalmente acaba enfriándose en el cosmos.

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