Europa y su particular Juego de Tronos

Gracias a su enorme éxito, Juego de Tronos se ha convertido en una referencia cultural inmejorable a la hora de explicar cualquier situación con un ejemplo que sea ampliamente conocido por todos. Y, por supuesto, no podía ser menos con la actual crisis política, económica y casi que “existencial” (en palabras del jefe de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker) que atraviesa la Unión Europea. Una Europa en la que son dos los temas que principalmente trazan el Muro que divide al continente en dos, entre norte y sur.

Al norte de este mundo real están los reyes del norte que en la realidad política europea aún nadie ha descubierto cómo derrotar. Angela Merkel es la Queen of the North en esta adaptación a la europea, y cuenta, además de con las fuerzas alemanas, con las de numerosos países de la zona más boreal de Europa: Holanda, Finlandia, Austria, Polonia y otros países recientemente llegados al club europeo desde la zona este de ese otro muro, el de Berlín, que dividía a Europa en capítulos anteriores. Y lo que los señores del norte a los países del sur es algo casi peor que el Invierno de la serie: es el ajuste de las deudas, la estabilidad presupuestaria, el control del déficit y, cómo no, los temidos recortes.

Mientras, al sur del Muro, asustados y con un ojo puesto en la política interior y con otro en las exigencias de los caminantes blancos, están los sureños endeudados: Portugal, España, Italia y Grecia. Y Francia, a la que muchos también ven al sur del mapa aunque ella misma, probablemente, se considere uno de los reinos del norte.

El caso es que todos los países del sur tienen sus propios problemas y guerras interiores, algo que hace mucho más complicado el enfrentarse a la amenaza de los de Merkel forma conjunta. Una de las posibles soluciones al conflicto de la deuda, la petición de una condonación parcial de la deuda, o de una mutualización de ésta entre todos los países de Europa (o sea, repartirse el marrón), es algo a lo que el norte no está dispuesto, y mucho menos si no hay una posición firme de todos los países endeudados respecto al tema. Y esto parece imposible.

Porque claro, Grecia ya salió escaldada de su primer enfrentamiento con las temidas hordas de Merkel, el italiano Matteo Renzi se enfrenta ahora a un referéndum en el que se juega su futuro y, en Francia, François Hollande no parece dispuesto a alinearse con los pobres del sur para enfrentarse al resto de Europa. El gobierno español no está, ni se le espera, y el ejecutivo de izquierdas en Portugal parece demasiado poco y demasiado solo como para intentar nada.

La crisis de la deuda es el principal conflicto en la Europa de hoy en día entre norte y sur, pero, pese a ello, quizás no es el más importante.

La ola de euroescepticismo: el Invierno

El caso es que tanto sobre el norte como sobre el sur de la Unión Europea, se propaga una amenaza que puede acabar con todo y no dejar rastro alguno del Grupo de los Veintisiete ni de la Europa que conocemos: los caminantes blancos, o sea, los euroscépticos, o sea, la extrema derecha. Marine Le Pen en Francia, Geert Wilders en Holanda, Timo Soini en Finlandia, o Norbert Hofer en Austria tienen un claro enemigo al que quieren derrotar: Europa.

En resumen, estos líderes políticos están dispuestos a cerrar fronteras, a prohibir mezquitas y El Corán, y a no soltar un duro más para ayudar a pagar la deuda del sur. Y el problema es que cada vez son más los que están dispuestos a votar a estos caminantes blancos, porque, según lo que ven muchos de sus votantes, Le Pen, Wilders y demás son los únicos que señalan a unos responsables por la situación de precariedad económica que vive gran parte de Europa: la Unión Europea, los inmigrantes y los musulmanes.

Uno de los suyos, el británico Nigel Farage, líder del euroscéptico UKIP que lideró el voto por el 'Leave' en el referéndum del Brexit, ya consumó sus amenazas. Apoyado en gran parte en su discurso xenófobo, una parte del pueblo británico optó por dejar la Unión Europea. Y esto, entre otras cosas, ya provocó un descalabro de la libra esterlina en los portales de Forex Trading, donde la moneda británica perdió la confianza de los inversores en divisas en tiempo real.

Y esto tan solo fue Gran Bretaña. Ahora imagínense que esta ola se propaga a Europa. O tanto el norte como el sur ponen fin a sus guerras y encuentran un punto que pueda beneficiar a ambos para poder así unirse frente a lo que traen Le Pen y compañía, o el Invierno de xenofobia y racismo que trae la extrema derecha puede acabar con todo lo que encuentre a su paso.

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