La izquierda y su nueva política
Enseñanzas de la luna...
La nueva política que ha llegado de la mano de la izquierda ya no va de resolver conflictos entre los distintos intereses contra puestos en la sociedad, sino de influir en la forma de pensar de los votantes, y eso es una transformación que pone muy difícil la alternancia, a pesar de los negativos efectos sociales que se están produciendo.
Los partidos políticos tradicionalmente eran el resultado de organizar las corrientes de opinión de un país, tanto para la elección de los problemas como para las posibles soluciones, y para ambos cometidos seleccionaban, a través de una mezcla de méritos, lealtades y relaciones informales, a sus élites dirigentes, lo que los llevaba a conformar programas electorales completos cerrados con coherencia que se ofrecían como una especie de pacto con sus electores.
Todo esto para la nueva izquierda ya no es así, ya que la crisis ideológica que han experimentado en las últimas décadas, así como su incapacidad para afrontar las crisis económicas, unida a las electoralmente exitosas experiencias populistas en términos de poder han acabado por alumbrar otro tipo de arquitectura política izquierdista.
Así, el poder, en buena medida, está dejando de ser un instrumento para conducir los anhelos sociales de una manera u otra, para convertirse en un modo de vida de aquellos que participan en el juego político.
Las élites, poco a poco, se han convertido en funcionarios de partido capaces de defender y difundir las consignas partidistas elaboradas para cada uno de los momentos y auditorios a los que se dirigen.
Ahora los partidos de ese espectro político son organizaciones jerarquizadas y disciplinadas que pueden difundir y defender cualquier idea, por absurda que ésta sea, si ha sido elaborada por las cúpulas para el mantenimiento del poder.