Opinión

Entrevistas a políticos, ¿marketing o dardos contra la conciencia política?

Hoy estaba leyendo las novedades de Twitter cuando de repente me ha aparecido una noticia con gran cantidad de comentarios que ha despertado mi curiosidad, por lo que he decidido hacer clic y abrir el contenido: “el nuevo corte de pelo de Andrea Levy, cambios de look para la vuelta al trabajo”. Nada más leer el titular he pensado: ¿de verdad a alguien le interesa el cambio de aspecto físico de Andrea Levy? ¿No habrá temas más interesantes de los que hablar siendo Concejala y Delegada de Cultura en el Ayuntamiento de Madrid? Ya ni hablar de la entrevista a Irene Montero o a Almeida en Vanity Fair. Sí, políticos en una revista de moda.

Excluyendo el tema de las entrevistas que son concedidas por los entrevistados, valga la redundancia, suelen ser las mujeres las que protagonizan la mayoría de los artículos, que nada tienen que ver con la política, y no como consecuencia de sus estrategias o decisiones sino por su apariencia o vida sentimental: “los looks de las ministras”, “la amante de Iglesias que desbanca a Montero”… Solo una muestra más del machismo y su dimensión transversal. 

Ahora bien, ¿es beneficioso que se realicen este tipo de entrevistas a los políticos? 

La realidad es que resultan más perjudiciales que beneficiosas. 

Los españoles estamos asistiendo a un proceso de “sobre-humanización” de la clase política. La ciudadanía siempre ha percibido a los políticos como personas lejanas a ella y difíciles de acceder, por ello, la clase política ha encaminado muchas de sus estrategias a disminuir la distancia existente entre ellos y el pueblo. Estas tácticas no son indignas, ya que cuanto más cercanos sean o parezcan los políticos más aumentan sus posibilidades de obtener la aprobación de los ciudadanos, y en el caso de las elecciones de obtener su confianza y voto. Puro marketing. No obstante, como en todo proceso se deben respetar unos límites que a día de hoy creo se han sobrepasado, la llamada “sobre-humanización” de la clase política. 

¿En qué consiste concretamente este concepto?  La “sobre-humanización” de la clase política se basa en la idea de disfrazar a dicha clase de un conjunto de individuos cuya cercanía podría asemejarse a la de un vecino e incluso a la de un colega. Ejemplo de ello son las entrevistas sobre su vida privada dónde se les pregunta sobre vivencias de instituto o experiencias matrimoniales. ¿Resulta interesante para los españoles saber todo esto? Pues sí, resulta morboso, pero no beneficia a nuestra conciencia política.

Mientras que la cercanía que se debería promover sería una que facilitara la comprensión de las políticas y proyectos futuros (cercanía profesional) lo que se promueve es una cercanía de carácter personal. En el trabajo nadie busca ser amigo del jefe, busca obtener su confianza y respeto. Hoy en día son muchas las personas que no entienden o comprenden las acciones políticas y su finalidad y el antídoto para este entorno de desinformación provocada es la cercanía de carácter profesional.

Lo preocupante de la deriva de la cercanía personal de los políticos es la conversión de los simpatizantes y militantes en meros fans de un futbolista o de una actriz famosa, como el chico al que le gusta Mario Casas porque leyó en un artículo que era un apasionado de las motos. La psicología define a los fanáticos políticos como personas inseguras que tratan de compensar sus sentimientos de inferioridad con la fuerza, la mentira o el chantaje. El problema es que el fanatismo viene asociado a la no capacidad de razonamiento y a un discurso agresivo, burlesco y populista cuya finalidad es desvirtuar la propia vida política, lo cual es muy peligroso. 

No deberíamos considerarnos afines a un político por su vida privada sino por sus ideas y propuestas, las cuales se identificarán con nuestro pensamiento ideológico aunque se nos bombardee con lo contrario.

Y tú, ¿crees que es bueno este marketing?

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