Opinión

El error y la lupa: la culpa en pandemia

Era Navidad y como de costumbre regresaba a mi casa del pueblo. No solo para reencontrarme con los míos, también para escaparme del frenetismo madrileño que, aunque me fascina, en grandes cantidades puede resultar empachoso.

En uno de esos momentos de coincidencia familiar en el salón frente al televisor, apareció una noticia sobre el coronavirus. Vídeos y más vídeos de jóvenes en discotecas sin respetar las medidas de seguridad y, cómo no, siendo los principales causantes del contagio. Entonces me paré a pensar, ¿es esto cierto? Y lo más importante, ¿es justo? 

Antes de nada, no busco excusar, quiero esclarecer.

Mientras aquellas imágenes de botellones pasaban ante mis ojos un sentimiento de hartazgo me invadió. Durante la pandemia hemos presenciado cómo los medios de comunicación, con toda su capacidad de difusión y de influencia en la opinión pública, han volcado sus esfuerzos en culpabilizar de los contagios a la juventud irresponsable española ya fuera de forma directa o indirecta.

Y no solo ellos, sino todo aquel que ostentaba una posición de mayor privilegio que la juventud. Todo esto sin mediar un gramo de autocrítica. Resulta cómodo, lo entiendo, transferir la responsabilidad y mantenerse inanes ante el impacto del Covid. Mas, aunque las comparaciones sean odiosas, observemos si estos inmorales comportamientos de los más inexpertos se producen en los círculos más curtidos. 

¿Juzgamos las mismas acciones del mismo modo independientemente de la edad de quién las ejecuta?  

No hace falta ser un genio para saber que no. Todo depende de quién posea la lupa.

Los jóvenes somos la diana de las críticas por actuar de un modo semejante a nuestros mayores. Y es que en el juego de la culpa solo quienes están autorizados pueden participar. Antes hacía alusión a la lupa, ¿a qué me refiero? Al dedo acusador. Quien posea la autoridad, ya sea la clase política, los medios de comunicación o la clase adulta, tiene la capacidad de aumentar la apreciación de la gravedad de las acciones realizadas por otros. No utilizar la mascarilla será percibido como un acto de rebeldía en los más pequeños y como un acto de responsabilidad individual en los adultos.

No verás imágenes de señores charlando dentro de un bar sin mascarilla o de trabajadores de mediana edad fumando a la puerta de un negocio sin respetar las medidas de seguridad. ¿Por qué? Porque supone cambiar el modelo de rendición de cuentas. Si mostramos la realidad tal y como es, esto es, irresponsabilidad ciudadana presente en todas las franjas de edad, quienes hasta la actualidad han mantenido su moralidad intacta deberán someterse a un juicio tanto externo como interno. Supondría romper la moral plana que asegura la tranquilidad y paz de muchos ciudadanos a cambio de aliviar la presión social sobre la juventud. Pero, como ya sabemos, somos ciudadanos de segunda.

Si incluimos a los jóvenes en el juego de la culpa hablemos también de los miles de ellos que han debido abandonar España por la falta de oportunidades laborales, de los que acudieron en masa a vacunarse, de los que salen a manifestarse por sus derechos y los del resto o de aquellos que piden a gritos una intervención en materia de salud mental y a quienes se silencia. No podemos permitir que la validación de la juventud dependa de quién posea la lupa. Debemos regirnos por unos parámetros justos que juzguen a toda la ciudadanía por igual dentro de su contexto.

Justicia social también es esto. 

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