Los astronautas de Artemis II han sufrido alteraciones en su cerebro tras el viaje

La muerte de astronautas en misiones espaciales es algo desgraciadamente bastante común
Los estudios realizados a varios astronautas que han estado sometidos a la microgravedad de la Luna han señalado que el cerebro se mueve dentro del cráneo durante estos procesos y que varias áreas del mismo sufren cambios 

Los astronautas regresan a la Tierra con alteraciones cerebrales tras la ejecución de misiones espaciales, según un estudio científico publicado en PNAS. Esto abre nuevas incógnitas sobre los efectos de la microgravedad en el organismo humano, especialmente, ante el regreso de los seres humanos a la superficie lunar en 2028 y la creación de bases lunares permanentes a partir de 2032.

Lejos de limitarse a la conocida transformación psicológica del viaje espacial, la investigación revela un fenómeno físico mucho más profundo: el cerebro cambia de posición dentro del cráneo. Este desplazamiento, detectado mediante resonancias magnéticas, afecta a astronautas tras estancias tanto cortas como prolongadas en el espacio.

Según cuentan en Space.com, el equipo liderado por la fisióloga Rachael Seidler analizó los cerebros de 26 astronautas antes y después de sus misiones, comparándolos con participantes en experimentos terrestres que simulan la microgravedad. Los resultados muestran que el cerebro tiende a desplazarse hacia atrás y hacia arriba, además de inclinarse en el interior del cráneo.

Cambios estructurales tras la microgravedad

El estudio profundiza en el análisis dividiendo el cerebro en más de 130 regiones, lo que permitió identificar que los cambios no son uniformes. Algunas áreas experimentan desplazamientos más acusados, lo que indica que no se trata solo de un movimiento global, sino de una reconfiguración estructural del órgano.

En misiones de mayor duración, los investigadores observaron desplazamientos de hasta 2,52 milímetros, una cifra aparentemente pequeña, pero relevante desde el punto de vista neurológico. Estos cambios, además, pueden mantenerse durante meses tras el regreso a la Tierra.

El equilibrio, uno de los más afectados

Uno de los hallazgos más significativos es la relación entre estos cambios y el equilibrio de los astronautas. Las zonas cerebrales vinculadas al sistema sensorial y al control motor, como la ínsula posterior, muestran alteraciones que se traducen en dificultades para recuperar la estabilidad al volver a la gravedad terrestre.

Los científicos constataron que aquellos astronautas con mayores desplazamientos en estas regiones presentaban peores resultados en pruebas de equilibrio tras el aterrizaje. Aunque la mayoría logra readaptarse en aproximadamente una semana, las modificaciones cerebrales persisten durante más tiempo.

La investigación también evidencia las limitaciones de los modelos de simulación en la Tierra, ya que los cambios observados en astronautas no se reproducen completamente en experimentos de reposo prolongado. Por ello, los expertos reclaman más estudios con tripulaciones amplias para entender cómo evolucionan estas alteraciones y cómo pueden mitigarse.